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Fecha: 01 enero 2022 14:18

Control


Cuando alguien nos habla de “control” automáticamente se piensa en conductas como fijar horarios de llegada o revisar correos electrónicos ajenos.
Pero hay un nivel más sutil de control que es la expectativa que genera una demanda, se espera que las cosas sean de una determinada manera, según lo que dentro de mi sistema de creencias debe ser.
Este control está asociado en general a la (auto)exigencia y al perfeccionismo.
Y en el fondo de ese control suele haber un miedo, miedo a equivocarse o miedo al rechazo o miedo a la perdida.
El control esconde un miedo.
Basta solo con algunas experiencias del pasado (propio y/o ancestral) en las cuales nos hayamos sentido abandonad@s, o rechazad@s o desilucionad@s para activar un mecanismo de control que se anticipe a evitar el sufrimiento.
A la primera persona que controlamos es a nosotr@s mism@s, no nos permitimos fallar.
Y desde ya, eso proyectamos también en los demás.
Este tipo de control está asociado también al miedo a lo desconocido y lleva a una permanente posición de alerta, no nos permitimos relajar ni descansar, no podemos bajar la guardia.
Eso lleva a vivir acorazad@s, sin poder sentir la vida, nos vamos desconectando del dolor pero también del disfrute.
Controlamos o relajamos, son opuestos complementarios.
Nos cuesta mucho habitar la receptividad, la pasividad, siempre estamos para afuera, haciendo algo, buscando resultados, controlando que el futuro no se desvíe de lo conocido.
Nos cuesta relajarnos, abrirnos, aceptar, recibir, confiar y fluir con los tiempos-formas del universo.
Algo que parece tan simple y resulta tan complejo como el no esperar nada, el absorber el presente con todos los sentidos, con la mente tranquila, con el corazón en paz.

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