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Fecha: 09 diciembre 2021 10:36

Madres


​Nuestras madres y abuelas se adaptaron a posponer sus sueños para críar hij@s, a sacrificar su independencia para acatar el mandato, a ceder sus espacios sagrados, a ignorar y silenciar sus emociones profundas, a desconectarse del disfrute, del placer, de la felicidad.
Hoy sabemos a traves de la epigenetica que una emoción puede modificar la expresión de los genes y esa modificación heredarse a la siguiente generación.
Una emoción conflictiva, crónica, reprimida, puede activar un desequilibrio en el cuerpo que intente resolver esa necesidad no satisfecha.
¿Que información puede bajar de aquellas mujeres frustradas, sometidas, desvalorizadas y hoy estar condicionando nuestra forma de vernos a nosotras mismas y a l@s demas?
Esa información crea una matriz emocional, atraeremos las situaciones y personas que nos permitan reconocer sus conflictos y resolverlos, repitiendo lo mismo o haciendo lo contrario, dandonos la posibilidad de sanar al clan, transformarnos y facilitar la evolución colectiva. Durante el embarazo las células del feto reciben y graban toda la información sobre las experiencias de la madre.
Sonidos, imágenes, aromas, sensaciones y hasta lo que ingerimos (alimento es todo lo que entra por los sentidos) se transforman en información valiosa para el/la hij@.
Todos los sentimientos que la mamá libere en sangre, pues los recibirá su futur@ hij@, ya sea dolor, enojo, ira o alegría y tranquilidad.
Todas las impresiones, experiencias, sensaciones que haya tenido la mujer, se convertirán en un mapa para la descendencia, un manual, una matriz que dará origen a la forma de construir la realidad y de actuar frente a esa realidad.
La madre (y su ambioma) debe promover las experiencias benéficas y evitar las que generan desequilibrios del cuerpo y la mente.​
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